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Trump “ahora no quiere dejar que nadie entre a Estados Unidos. Sin embargo, sin que nadie lo sepa, está trayendo a todas estas chicas de todo el mundo y ellas están trabajando ilegalmente”, denunció una de las tres denunciantes, que trabajó para el ahora candidato presidencial durante 2004. La joven pidió no revelar su nombre real y sólo utilizó un seudónimo, Kate.

Otra de las jóvenes, Rachel Blais, recordó lo vivido durante sus primeros pasos en el mundo del modelaje como “una forma de esclavitud moderna”, en la que se veía obligada a trabajar ilegalmente, a mentirle a las autoridades, a pagar un alquiler exorbitante a su propio empleador, quien además se quedaba con una abultada comisión de su sueldo.

Desde el lanzamiento mismo de su campaña presidencial, el año pasado, Trump se caracterizó por un discurso abiertamente racista contra los inmigrantes, especialmente los mexicanos y los musulmanes.

A lo largo del último año propuso construir un muro “con puertas lindas” sobre la frontera con México, prohibir la entrada de todos los musulmanes al país y expulsar a los más de 12 millones de inmigrantes que viven sin papeles en Estados Unidos.

A sólo un día de que Trump dé su esperado discurso sobre inmigración ilegal y presente su plan para frenarla, como viene prometiendo hace días, Mother Jones, una revista conocida por su línea editorial progresista, publicó las denuncias de tres ex modelos de Trump Model Management, la empresa que fundó el ahora candidato en 1999 y que, según su página web, se convirtió en una de las más importantes de Nueva York.

Además, sigue siendo uno de los negocios lucrativos del multimillonario devenido en dirigente político.

Según la revista, la última presentación de las finanzas del magnate que hizo su equipo de campaña en mayo pasado mostró que Trump ganó cerca de dos millones de dólares el año pasado por la empresa de modelaje, que controla con un 85% de las acciones.

Sin embargo, las ex modelos que hablaron con Mother Jones contaron una historia menos glamorosa y lucrativa.

Blais, una canadiense que comenzó a trabajar para la famosa agencia en 2004, mientras que las otras dos pidieron mantenerse anónimas y sólo dieron dos seudónimos: Anna y Kate.

Las tres llegaron al país de la mano de la empresa, que les recomendó ingresar con una visa de turista y mentir a las autoridades en el aeropuerto.

“Estaba todo tiempo tensa, al borde (…) Estaba ilegal, era un blanco fácil”, recordó Anna sobre el miedo que tuvo durante los tres meses que trabajó ilegalmente para la empresa de Trump en Nueva York.

Anna también recordó que empleados de la agencia le recomendaron mentir a las autoridades en Migraciones.

“Si te hacen alguna pregunta, sólo le decís que viniste por unas reuniones”, contó la joven que le dijo el representante de la empresa que la contrató en su país de origen.

Las tres chicas también recordaron que una vez en Nueva York, la agencia de Trump las ubicaban a todas en un pequeño departamento, abarrotado con otras mujeres en su misma precaria situación, que “parecía un sauna”, según recordó Blais.

La joven contó que llegó a pagar hasta 1.600 dólares por mes por una cama en una habitación que compartía con otras cinco chicas extranjeras.

Kate, quien trabajó en la misma época, contó que pagó hasta 1.200 dólares por mes por lo mismo y que ella era “por lejos” la más grande de la casa con 18 años.

Según la revista, en aquel tiempo y en la misma zona de ese departamento, el alquiler de un estudio entero podía llegar a costar unos 1.375 dólares por mes.